Friday, July 10, 2026

 

El sembrador

 

 Han pasado más de 40 años pero nunca me olvido. Siempre que considero la parábola del sembrador recuerdo aquella lección que recibí, aquella experiencia inolvidable.

 

Para dar seguimiento al proceso del encuentro nacional para la pastoral lhispana  que había tenido lugar el verano anterior en Washington D.C., se llamó a una unión de líderes Diocesanos de todo el nordeste de los Estados Unidos. La reunión tuvo lugar en la Casa de retiros de los padres Redentoristas en New Jersey. Cada diócesis envió dos o cuatro delegados de acuerdo al tamaño de la diócesis. Fuimos cuatro de la diócesis de Rockville Centre.

 

El tema de la reflexión inicial, oración que nos prepararía para entrar en los trabajos de la conferencia era la parábola del sembrador. Nos dividieron en grupos de ocho personas teniendo cuidado de que fueran de diferentes diócesis.   Y comenzamos a reflexionar.

 

Cada persona explicaba cómo debía sembrar la semilla en la viña que era la

diócesis de dónde procedía... De pronto una persona pidió la palabra y dijo, “ perdonen ustedes quizás yo no tengo derecho a hablar en este grupo porque como le dije al principio, no soy un delegado. Soy sencillamente el chofer que trajo al grupo de mi diócesis. Me dijeron que me uniera a ustedes…Miren, a  mí me parece que el Sembrador es Cristo; no es ninguno de nosotros”.

 

“ gracias te doy, Padre santo, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos y has tenido bien revelarlas a las personas sencillas. “

 

Desde aquel día nunca jamás me he olvidado que el que siembra es Cristo. Cada uno de nosotros es un instrumento cuya tarea principal es convertirse en buen terreno por la gracia de Dios.  Esa gracia  va a producir en nosotros lo que a su vez se convertirá en tarea evangelizadora.

 

Cristo es el sembrador.  ¿ Y yo, quién soy? ¿ Y tú, quién eres? ¿ Y quien es nuestro prójimo?

 

Por virtud del bautismo, yo soy un hijo bien amado del Padre.  Y tú también lo eres y el próximo también lo es. Somos hijos bien amados del padre.   Todos los delegados a aquella reunión éramos hijos bien amados del padre pero también aquel señor, el chofer, cuyo nombre no recuerdo pero cuyas palabras impactaron el resto de mi vida, era un hijo bien amado del padre.

 

A veces nos cuesta creer que el padre gratuitamente nos ama. Y si cuesta creer que me ama a mí, mucho más va a costar creer que ama a esa persona que yo veo como “diferente”.

 

La parábola del sembrador no necesita explicación porque el propio Jesús explica el significado de esta.  Entender cómo debemos responder a las semillas que planta el sembrador, esto es, como debemos responder a quienes somos y responder a  cada persona que cruza nuestro camino, esa es la tarea de nuestra vida.   Ésa es la llamada, ese es el reto. No es tarea fácil pero sabemos que contamos con la promesa, “ mi gracia te basta “.

 

El caballero de Nuestra Señora

 

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