El Huésped del alma
Este
próximo domingo la iglesia celebra la gran fiesta de Pentecostés,el espíritu
consolador prometido por Jesús una vez que él se marchara a la casa del Padre.
El
libro de los hechos de los apóstoles narra la venida del Espíritu Santo sobre
los apóstoles. Una vez fortalecidos por la presencia del espíritu Santo en cada
uno de ellos, salieron del cenáculo donde estaban reunidos en oración, la
primera novena en la iglesia, y llevaron la buena noticia al mundo.
¿
Quién es el Espíritu Santo para ti?
Durante mis años de estudiante de escuela superior, los religiosos
Marianistas que eran mis profesores, nos instruyeron sobre la presencia del
espíritu Santo en nuestra alma. Por virtud del bautismo cada uno de nosotros se
convierte en hijo muy amado del Padre y templo del espíritu Santo. Esa
enseñanza fue una gracia de Dios para mí y para mis compañeros de clase.
Desde
entonces en mi camino espiritual, he tratado de estar consciente de la
presencia del huésped que habita en mi corazón y mi alma; Vivir en la presencia
de Dios. No puedo decir que siempre he estado consciente de esta realidad. Éste
es el trabajo de una vida entera. Vivir en la presencia de Dios es el reto más
grande de todo el que desea vivir la vida cristiana plenamente.
En
los momentos difíciles, en los momentos de enfrentar una prueba, o una crisis,
trató de recordar la presencia del
consolador en mi alma y solicitar su ayuda. No se trata de pedir algo y esperar
que suceda como si fuera magia. Se trata de sentir que no estamos solos, que el
consolador está a nuestro lado, que no nos abandona.
El
año pasado en Santa Brígida se nos invitó a que, como los Apóstoles, Hiciéramos
una novena en preparación para la gran fiesta de Pentecostés y se nos
proporcionó un libreto a tal fin. Conservo el libreto y lo he vuelto a usar
este año. Termino esta reflexión con la
oración con que comenzamos la novena todos los días. Su autor es San
Agustín. Te invito a que le digas a
menudo.
Respira en mi, oh espíritu Santo,
Para que todos mis pensamientos sean
santos
Actúa en mí, o espíritu Santo
Para que también mi trabajo sea santo
Abre mi corazón, o espíritu Santo
Para que yo ame solamente lo que es
santo
Fortaléceme, oh espíritu Santo
Para defender todo lo que es santo.
Guárdame, o espíritu Santo
Para que siempre seas santo