El sembrador
Han pasado más de 40 años pero nunca me
olvido. Siempre que considero la parábola del sembrador recuerdo aquella
lección que recibí, aquella experiencia inolvidable.
Para
dar seguimiento al proceso del encuentro nacional para la pastoral
lhispana que había tenido lugar el
verano anterior en Washington D.C., se llamó a una unión de líderes Diocesanos
de todo el nordeste de los Estados Unidos. La reunión tuvo lugar en la Casa de
retiros de los padres Redentoristas en New Jersey. Cada diócesis envió dos o
cuatro delegados de acuerdo al tamaño de la diócesis. Fuimos cuatro de la
diócesis de Rockville Centre.
El
tema de la reflexión inicial, oración que nos prepararía para entrar en los
trabajos de la conferencia era la parábola del sembrador. Nos dividieron en
grupos de ocho personas teniendo cuidado de que fueran de diferentes diócesis. Y comenzamos a reflexionar.
Cada
persona explicaba cómo debía sembrar la semilla en la viña que era la
diócesis
de dónde procedía... De pronto una persona pidió la palabra y dijo, “ perdonen
ustedes quizás yo no tengo derecho a hablar en este grupo porque como le dije
al principio, no soy un delegado. Soy sencillamente el chofer que trajo al
grupo de mi diócesis. Me dijeron que me uniera a ustedes…Miren, a mí me parece que el Sembrador es Cristo; no
es ninguno de nosotros”.
“
gracias te doy, Padre santo, porque has escondido estas cosas de los sabios y
entendidos y has tenido bien revelarlas a las personas sencillas. “
Desde
aquel día nunca jamás me he olvidado que el que siembra es Cristo. Cada uno de
nosotros es un instrumento cuya tarea principal es convertirse en buen terreno
por la gracia de Dios. Esa gracia va a producir en nosotros lo que a su vez se
convertirá en tarea evangelizadora.
Cristo
es el sembrador. ¿ Y yo, quién soy? ¿ Y
tú, quién eres? ¿ Y quien es nuestro prójimo?
Por
virtud del bautismo, yo soy un hijo bien amado del Padre. Y tú también lo eres y el próximo también lo
es. Somos hijos bien amados del padre.
Todos los delegados a aquella reunión éramos hijos bien amados del padre
pero también aquel señor, el chofer, cuyo nombre no recuerdo pero cuyas
palabras impactaron el resto de mi vida, era un hijo bien amado del padre.
A
veces nos cuesta creer que el padre gratuitamente nos ama. Y si cuesta creer
que me ama a mí, mucho más va a costar creer que ama a esa persona que yo veo
como “diferente”.
La
parábola del sembrador no necesita explicación porque el propio Jesús explica
el significado de esta. Entender cómo
debemos responder a las semillas que planta el sembrador, esto es, como debemos
responder a quienes somos y responder a
cada persona que cruza nuestro camino, esa es la tarea de nuestra
vida. Ésa es la llamada, ese es el
reto. No es tarea fácil pero sabemos que contamos con la promesa, “ mi gracia
te basta “.
El
caballero de Nuestra Señora