Friday, May 22, 2026

 

El Huésped del alma

 

Este próximo domingo la iglesia celebra la gran fiesta de Pentecostés,el espíritu consolador prometido por Jesús una vez que él se marchara a la casa del Padre.

 

El libro de los hechos de los apóstoles narra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Una vez fortalecidos por la presencia del espíritu Santo en cada uno de ellos, salieron del cenáculo donde estaban reunidos en oración, la primera novena en la iglesia, y llevaron la buena noticia al mundo.

 

¿ Quién es el Espíritu Santo para ti?  Durante mis años de estudiante de escuela superior, los religiosos Marianistas que eran mis profesores, nos instruyeron sobre la presencia del espíritu Santo en nuestra alma. Por virtud del bautismo cada uno de nosotros se convierte en hijo muy amado del Padre y templo del espíritu Santo. Esa enseñanza fue una gracia de Dios para mí y para mis compañeros de clase.

Desde entonces en mi camino espiritual, he tratado de estar consciente de la presencia del huésped que habita en mi corazón y mi alma; Vivir en la presencia de Dios. No puedo decir que siempre he estado consciente de esta realidad. Éste es el trabajo de una vida entera. Vivir en la presencia de Dios es el reto más grande de todo el que desea vivir la vida cristiana plenamente.

 

En los momentos difíciles, en los momentos de enfrentar una prueba, o una crisis, trató  de recordar la presencia del consolador en mi alma y solicitar su ayuda. No se trata de pedir algo y esperar que suceda como si fuera magia. Se trata de sentir que no estamos solos, que el consolador está a nuestro lado, que no nos abandona.

 

El año pasado en Santa Brígida se nos invitó a que, como los Apóstoles, Hiciéramos una novena en preparación para la gran fiesta de Pentecostés y se nos proporcionó un libreto a tal fin. Conservo el libreto y lo he vuelto a usar este año.  Termino esta reflexión con la oración con que comenzamos la novena todos los días. Su autor es San Agustín.  Te invito a que le digas a menudo.

 

Respira en mi, oh espíritu Santo,

Para que todos mis pensamientos sean santos

Actúa en mí, o espíritu Santo

Para que también mi trabajo sea santo

Abre mi corazón, o espíritu Santo

Para que yo ame solamente lo que es santo

Fortaléceme, oh espíritu Santo

Para defender todo lo que es santo.

Guárdame, o espíritu Santo

Para que siempre seas santo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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